Ancash - Arqueología e Historia

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El departamento de Ancash corresponde a lo que históricamente fue el corregimiento de Huaylas. Sin embargo, durante el gobierno colonial existió un pueblo con dicha denominación; pero fue destruido en el siglo XVIII por un cataclismo. El nombre de este departamento tendría su origen en la palabra quechua ancas, que significa azul; al parecer, el nombre se debe al intenso color del cielo andino en épocas de sequía y que contrasta con el blanco de las cumbres nevadas de la Cordillera Blanca.

A la llegada de los españoles la región era controlada por los incas quienes habían incorporado al Tahuantinsuyo a las diversas etnias locales. Del período virreinal no quedan mayores restos en el departamento de Ancash, debido a la escasa importancia de los asentamientos coloniales y a los sucesivos terremotos que se han encargado de destruir el resto. La independencia constituyó un período de efervescencia en Ancash, en particular durante el período en que Bolívar estuvo en el Perú, pues entonces Ancash se convirtió en una importante base de operaciones y aprovisionamiento para el ejército libertador. Durante la República, la región fue testigo del fin de la Confederación Perú — Boliviana en la batalla de Yungay y de la rebelión de Atusparia en 1885. Ya en el siglo XX, el episodio más famoso de la vida departamental fue el devastador terremoto de 1970 en el que desapareció el poblado de Yungay, sepultado por un alud de piedras y lodo.

Antiguas ocupaciones

Tanto en la sierra como en la costa del actual departamento de Ancash se han descubierto evidencias de antigua ocupación humana. La fecha más distante que registra la presencia del hombre data del año 10 600 a.C. y corresponde a los hallazgos de restos humanos, instrumentos líticos y textilería en la Cueva de Guitarrero (distrito de Mancos, Yungay), además del más antiguo muestrario de cestería precerámica del continente. Importantes civilizaciones preincaicas desarrollaron en esta zona actividades como la arquitectura, la escultura monumental y la artesanía, cuyos testimonios son, entre otros, Chavín (en Huari) y Caral, Sechín y La Galgada (en Casma).

Chavín y Recuay

Chavín
Entre los años 400 y 600 a.C. floreció en esta zona la denominada cultura Chavín y destacó por sus cerámicas y esculturas en piedra. La importancia de esta cultura no sólo se encuentra en su antigüedad, sino en que marca el inicio de una síntesis de los anteriores procesos culturales dispersos en otros lugares del territorio andino y amazónico. El nombre Chavín provendría de la palabra quechua chaupín que significa centro o sede. Sus habitantes resistieron fuertemente a los incas cuando decidieron ampliar sus dominios; sin embargo, los pobladores del valle de Santa fueron anexados al Tahuantinsuyo en tiempos del inca Pachacútec.

El patrimonio arqueológico y arquitectónico de Chavín está compuesto por monumentales construcciones de piedra, varias series de galerías interiores, templos y plazas, grabados y cabezas clavas que denotan una elevada técnica, un alto sentido estético y una profunda visión ordenadora del mundo. Los restos se ubican a 3 180 metros sobre el nivel del mar, en la parte oriental de la Cordillera Blanca, entre los ríos Wacheksa y Mosna.

Recuay
La cultura Recuay se desarrolló principalmente en el Callejón de
Huaylas entre los años 300 y 600 d.C.; al parecer logró una significativa expansión ya que su influencia también aparece en las cabeceras de los valles de Huarmey, Casma, Nepeña, Lacramarca y bajo Santa. El nombre de “Recuay” fue propuesto por el coleccionista José Mariano Macedo en 1881.

Desde 1919, diversos investigadores como Julio C. Tello, Benett, G. Vescelius,  H. Amat, Toribio Mejía Xesspe y Rafael Larco Hoyle, investigaron las zonas de Aija, Catac, Copa, Carhuaz y Huaraz; que representan lo que hoy es conocido como el núcleo de la cultura Recuay.

Recuay fue una cultura de base agrícola, que se distingue por su fina alfarería hecha a base de caolín ( en tres estilos: Aija, Huaraz y Huántar), sus estructuras líticas con representaciones naturalistas de seres humanos y animales, y sus cámaras funerarias de piedra. Cuenta con diversos asentamientos ubicados primordialmente en el Callejón de Huaylas. Destaca el de “Pashas”, asentamiento ubicado en Cabana, ocupa un área de 27 hectáreas y sobre la base de su disposición espacial, los investigadores han planteado la organización política y social de todo Recuay, comprendida en esencia por pequeños curacazgos con características similares.

La Colonia

Los primeros españoles llegaron a Huaylas atraídos por la fama de las vetas de plata de la región. La búsqueda del oro y plata de los indios hizo que los españoles destrozaran sus ciudades. Muchas de las minas incaicas, cuya explotación fue continuada por los españoles, lograron alcanzar gran renombre, como las de San Luis de Huari.

Cuando se encontraba en Cajamarca, Francisco Pizarro escuchó relatos sobre la gran riqueza del valle de Santa y decidió trasladarse allí para fundar una ciudad. Después de sangrientos combates contra los pobladores huaylas y conchucos, logró someter a la población indígena. Se presume que Alonso de Santoyo fundó en 1572 la ciudad de Huaraz. El gobernador Vaca de Castro, después de la muerte de Pizarro, entregó a los conquistadores varias encomiendas del valle. Durante la Colonia, se establecieron corregimientos en Conchucos, Huaylas, Cajatambo y Santa.

Los principales pueblos se fundaron entre 1561 y 1573, con participación de religiosos, quienes a su vez fundaron conventos (todos, destruidos por los sismos). La importancia de la ciudad de Huaraz durante este período radica en sus obrajes, donde se fabricaban textiles para su exportación a España.

Durante el siglo XVIII, se produjeron levantamientos de esclavos en las haciendas costeñas (San Jacinto, San José, Santa Gertrudis de Motocachi y Nepeña), los cuales fueron sucedidos por alzamientos en Huaraz (1738 y 1780) y Yungay (1774).

La Independencia

Apoyados por las revueltas en las haciendas costeñas y serranas, Lord Cochrane y San Martín decidieron realizar expediciones a la costa de Ancash (Huarmey, Samanco, Santa y Huaura respectivamente), repartiendo proclamas, mensajes y solicitando la colaboración patriótica. El 29 de noviembre de 1820 las tropas de San Martín apoyaron el levantamiento de Huata, el mismo día que el coronel Campino obligaba a los realistas a rendirse en Huaraz. Huaura y Huarmey juraron su independencia el 16 y 17 de noviembre de 1820 cada una. Fueron 750 los patriotas ancashinos que se enrolaron en las filas libertarias para tomar Lima. Se impuso a Toribio de Luzuriaga como presidente de Huaylas y a Vicente Dupuy como presidente de la costa ancashina.

Posteriormente, Simón Bolívar estableció su centro de operaciones en la ciudad de Huaraz. Ancash tuvo intensa participación en la lucha por la independencia, incorporando a sus mejores hijos al ejército organizado por Bolívar. Ya antes, un reglamento provisional de Huaura, del 12 de febrero de 1821, dispuso que los partidos de Huaylas, Cajatambo, Conchucos, Huamalíes y Huánuco constituyan el departamento de Huaylas.

La República

En 1835, por un decreto del 12 de junio, se volvió a crear el departamento de Huaylas, conformado por las provincias de Cajatambo, Conchucos, Huaylas y Santa; y en 1836, por un decreto del 10 de octubre, se dividió el departamento de Junín en dos, uno con el nombre de Junín y el otro con el nombre de Huaylas.

Finalmente, por un decreto del 28 de febrero de 1839, se dio el nombre de Ancash al antiguo departamento de Huaylas, en recuerdo del lugar donde se puso fin a la Confederación Peruano-Boliviana. En 1839, en las faldas del cerro Pan de Azúcar y a orillas del río Ancash en Yungay, se libró la batalla que pondría fin a esta confederación y al sueño de algunos patriotas visionarios que querían unir el Perú y Bolivia, como lo habían estado desde siempre.

Durante la Guerra del Pacífico, la ciudad de Huaraz presentó gran resistencia ante el invasor. Bajo el mando del general Andrés Avelino Cáceres, se organizó la resistencia en la llamada Campaña de la Breña, moviendo los ejércitos entre Huaraz y Yungay, sin que pudieran ser derrotados. Uno de los actos más recordados por la población fue el cruce del ejército cacerista a través de la Cordillera Blanca, por la zona de Llanganuco, para minar la resistencia y logística de los enemigos.

El terremoto de 1970

A las 3:24 de la tarde del 31 de mayo de 1970 tuvo lugar un terremoto de 8° en la escala de Richter que sacudió todo el Callejón de Huaylas, trayendo abajo las edificaciones de adobe. Este sismo originó que una de las paredes del Huascarán se agrietara y se precipitara, arrastrando a su paso enormes bloques de hielo, inmensas rocas, lodo y agua. Este aluvión de 60 metros de alto sepultó, casi en su totalidad, las ciudades de Yungay y Ranrahirca. En Ancash los muertos y desaparecidos superaron las 35 mil personas y a nivel nacional llegaron a 66 mil. Hubo 150 mil heridos.

Sin embargo, a pesar de la magnitud de los daños, los pueblos afectados se recuperaron y hasta superaron su antiguo desenvolvimiento. Huaraz fue totalmente reconstruida; la antigua Yungay se convirtió en camposanto y la nueva ciudad se mudó un par de kilómetros al norte; Ranrahirca fue borrada del mapa. Actualmente Ancash ofrece la imagen de un pueblo tesonero y constructivo. Sus nuevas ciudades, su economía y sus acogedores servicios turísticos muestran la laboriosidad de sus habitantes.