Amazonas - Arqueología e Historia

historia ancash

El departamento de Amazonas cuenta con una rica tradición histórica que se remonta a pinturas rupestres que datan de 5 mil años antes de Cristo. La región fue habitada por los chachapoyas, pueblo que ha dejado como testimonios de su presencia las importantes fortalezas de Kuélap y el Gran Pajatén. Estos restos arquitectónicos son un complejo conformado por varios edificios circulares, que favorecen su edificación en terrenos empinados, como las montañas en las que se encuentran. Posteriormente, fueron conquistados por los incas y, finalmente, por los españoles. Alonso de Alvarado, el 5 de septiembre de 1538, por orden de Francisco Pizarro, fundó la Ciudad de Chachapoyas, desde la cual, años mas tarde, y sobre todo en el siglo XVII, se realizó una considerable labor misionera entre los pueblos de la selva. Tras la independencia, la región siguió siendo una importante base de exploración y evangelización hacia el Oriente peruano. Ya en el siglo XX, el departamento de Amazonas ha sido escenario de sucesivos conflictos con Ecuador, el último en 1995. Este último enfrentamiento no fue una guerra declarada, pero las bajas en ambos ejércitos fueron significativas. Recién se logró firmar un acuerdo de paz y el cierre de la frontera en 1998.

Vestigios rupestres y sociedades selváticas

Vestigios rupestres
Los restos más antiguos encontrados en este departamento corresponden a pinturas sobre paredes rocosas encontradas en la provincia de Utcubamba, y registran una antigüedad aproximada de 4000 o 5000 años a.C. Estas pinturas rupestres de Chiñuña-Yamón y de Limones-Calpón constituyen bellos vestigios de una sociedad de cazadores que aún habitaba en cuevas.

Sociedades selváticas
De los tiempos en que ya se consolidaban sociedades organizadas alrededor de centros ceremoniales, en la antigua provincia de Bagua se encontró restos de cerámica que han sido catalogados como de una antigüedad de 1200 a 1000 años a.C., anteriores a los hallados en Chavín.

Según el Perfil antropogeográfico del departamento de Amazonas, compilado por Antúnez de Mayolo en 1990, luego del desarrollo Bagua antes referido, en la zona selvática se desarrolló una cultura denominada Alenya, que tuvo relación con las culturas Monil de Colombia, Macha Lila de Ecuador, Nazaretegui del Alto Pachitea y Garbanzal de Tumbes. Este desarrollo, de una antigüedad aproximada de 800 a 500 años a.C., antecede al desarrollo también selvático de Salao, el cual se habría dado entre los 500 y 300 años a.C. y se habría caracterizado por las pinturas
rojas en las yemas de los dedos de sus habitantes. Se ha encontrado relaciones de esta cultura con Paita y la sierra ecuatoriana.

La tradición y el estado confederado Chachapoyas

La tradición Chachapoyas
La data de los restos encontrados alrededor del espacio triangular comprendido por la confluencia de los ríos Marañón y Utcubamba (al norte de la ciudad de Bagua) y la cuenca del río Abiseo (al sur de Amazonas, en el departamento de San Martín) aún no es del todo clara, pero tales restos indican la existencia de un estilo común que ha sido denominado “Chachapoyas”.

Según recientes estudios realizados por las expediciones Antisuyo, a cargo del Instituto de Arqueología Amazónica y el Centro Studi Richerche Ligabue de Venecia, los “chachas”, a pesar de ubicarse en una región de ceja de selva, no serían tributarios de alguna tradición cultural amazónica —los restos encontrados no muestran relaciones con los desarrollos amazónicos antes mencionados—; más bien, tendrían raíces estrictamente andinas.

La antigüedad de esta tradición se remontaría al Horizonte Medio (700 a 1500 d.C.) y quizás al período Intermedio Temprano (200 d.C. al 550 d.C.). Alrededor del 1000 d.C. habría surgido como estado y se habría desarrollado de forma autónoma hasta la conquista incaica realizada por Túpac Inca Yupanqui alrededor del año 1475.

El estado confederado de los Chachapoyas
A comienzos del siglo XI d.C., los pueblos que compartían una similar tradición cultural en Amazonas se unieron en una especie de estado confederado. Esta nación fue asimilada por el Estado Inca en la segunda mitad del siglo XV y en el siglo XVI fue dominada por los españoles. El centro de esta nación estaba alrededor de la cuenca del río Utcubamba.

Los chachapoyas o sachapuyos eran hombres de guerra, robustos y de tez blanca según las crónicas. Su color, descrito por prestigiosos cronistas como Cieza de León, aún llama la atención de los investigadores. Sus mujeres fueron muy bellas, en palabras de Cieza: “tan hermosas que por sólo su gentileza muchas de ellas merecieron serlo de los ingas y ser llevadas a los templos del sol”.

Entre sus principales aportes culturales destacan su magnífica arquitectura y sus variados patrones funerarios. Además, desarrollaron tres estilos de cerámica: Kuélap, Chipuric y Revash. El primero es el de mayor difusión, caracterizándose por ser pintada, modelada, de cuerpos ovales, asas horizontales y con motivos geométricos.

Los principales sitios arqueológicos de Chachapoyas son: Kuélap, Gran Pajatén (en el departamento de San Martín), Chipuric (donde existen construcciones circulares y sarcófagos hasta de 1,5 metros de altura), Revash, Karajía, Congón o Gran Vilaya, Olán, Purunllacta y otros.

Kuélap y patrones funerarios de los chachas

Kuélap. Arquitectura y misterio
La arquitectura chachapoyas se caracteriza por sus construcciones circulares de piedra, por la tendencia a erigirlas sobre plataformas ubicadas en pendientes y por sus paredes con relieves de piedra decorada, en varios casos, con figuras simbólicas. Entre sus complejos arquitectónicos destacan Kuélap y el Gran Pajatén.

Al borde de un abismo, Kuélap es una especie de ciudad fortificada, con una extensión de 600 metros de largo y muros de hasta 19 metros de alto, donde se ha encontrado alrededor de 400 construcciones, en su gran mayoría circulares, como el Tintero y las viviendas. Para acceder a la plataforma principal, se debe ingresar por callejones estrechos, lo que sugiere la posibilidad de que Kuélap haya sido edificada con carácter defensivo. Esta ciudadela contó con un sofisticado sistema de caminos y de drenaje del agua de lluvias mediante ductos o canales que recorrían todo el complejo. Entre los frisos de las paredes destacan los motivos romboidales.

El Gran Pajatén es una magnífica fortaleza ubicada en la selva del departamento de San Martín, en la cuenca del río Abiseo. Al igual que Kuélap, presenta frisos con motivos simbólicos, como algunos personajes antropomorfos sentados con brazos y piernas abiertas, cabezas clavas y aves con las alas extendidas.

Patrones funerarios de los chachas
Los arqueólogos han establecido dos patrones funerarios chachas, uno caracterizado por el uso de grandes sarcófagos de forma humana, como el de las suntuosas tumbas de Karajía, Chipuric, Petuen, Guan y Ucaso; y otro por el uso de mausoleos de forma cuadrangular, como los encontrados en Revash, Usator y la Laguna de los Cóndores. Ambos fueron ubicados en vertiginosos barrancos rocosos de difícil acceso.

Los sarcófagos, elaborados en arcilla con ayuda de palos y piedras, conservaban en su interior un espacio para colocar a los difuntos acuclillados y envueltos en textiles, por lo general llevaban ofrendas de cerámica, textiles y calabazas. En la parte superior se colocaba falsas cabezas de cara aplanada, mentón prominente y nariz de grandes dimensiones, que, al igual que el cuerpo, estaban decoradas con pintura roja de dos tonos aplicados sobre una base blanca. Estos sarcófagos guardan relación con las culturas Tiahuanaco y Huari, pues evocan la forma del fardo funerario difundido en la costa y sierra durante el Horizonte Medio.

Los mausoleos de estructura cuadrangular podían tener hasta tres niveles o pisos, techos a dos aguas y paredes pintadas con figuras de color rojo.
Albergaban nichos que podían ser cuadrangulares o en forma de T. En cada cámara funeraria colocaban a los difuntos con varias ofrendas como collares, plumas, cerámicas e instrumentos musicales. En el exterior de los mausoleos también hay pinturas de color rojo con diseños de cruces, rectángulos y formas parecidas a la letra T. Los símbolos de cruces recuerdan la arquitectura Virú, y los restos de spondyllus y cerámica foránea revelarían intercambios recíprocos y permanentes con culturas de la sierra de Cajamarca e incluso con algunos pueblos de la costa norte (Chimú).

 La dominación incaica y la llegada de los españoles

La dominación incaica
Los chachapoyas se resistieron a la dominación incaica por largo tiempo. La conquista definitiva de esta nación se habría logrado, según Garcilaso, en el tiempo del eximio conquistador Túpac Inca Yupanqui, alrededor de 1475, cuando el Inca habría tomado la fortaleza de Piajajalca y apresado a Chuquisocta, gran curaca de los Chachapoyas.

Pero allí no acabó la resistencia chacha. Durante el posterior gobierno de Huayna Cápac, los locales se sublevaron, matando y apresando a las autoridades quechuas que se encontraban en su territorio. El Inca no tardó en responder esta afrenta y se dirigió con un importante ejército a subyugar a los alzados. Algunas versiones sostienen que no hubo enfrentamientos armados gracias a la intervención de una bella chachapoyana que había sido concubina de Túpac Inca Yupanqui y con hijos en el ejército incaico; ella habría pedido clemencia al poderoso “hijo del Sol”. Otras versiones, en cambio, afirman que se produjeron feroces luchas que determinaron el incendio y destrucción de los pueblos chachas.

Como fuere, los incas necesitaron trasladar a muchos chachapoyas a otros lugares como Cuzco o Puno (sistema de mitimaes), para dispersarlos y asegurarse el control en esta región. Además construyeron asentamientos administrativos y de control militar, como el complejo de Cochabamba, ubicado en las nacientes del río Utcubamba, en el actual distrito de Leimebamba, provincia de Chachapoyas.

La llegada de los españoles

Los “barbudos”, al igual que en muchas regiones bajo la dominación incaica, fueron bien recibidos por los antiguos chachas, quienes, incluso, habrían organizado fiestas en su honor. Así, con gran algarabía, fueron recibidos los primeros 20 hispanos que llegaron al mando del capitán Alonso de Alvarado. Los sachapuyos, para ese momento, ya conocían de la incursión española en Cajamarca y, obviamente, debieron sentirse complacidos con la captura de su subyugador. Por ello no dudaron de establecer vínculos de reciprocidad con sus supuestos aliados.
Esa situación cambió radicalmente cuando Pizarro envió por segunda vez a Alvarado hacia esta región, con órdenes de someter a los naturales. En esta ocasión, un curaca chachapoya de nombre Huamán, consciente ya del peligro que significaban los forasteros, se enfrentó a los españoles, a quienes no pudo detener.

Para estos tiempos, el actual departamento de Amazonas no sólo estaba poblado por la nación chachapoyas, sino también por los indígenas de la Amazonía, antepasados de los actuales aguarunas, aunque se desconoce desde cuándo habitaban esta región.

En las tradiciones orales aguarunas aún se recuerda los sufrimientos causados por los hispanos o iwanch, tal como lo contó el indígena Abel Mayánts, del río Cenepa, a la expedición de Terra Incógnita a la Tierra del Arco Iris, auspiciada por PromPerú en 1999 y encabezada por Walter Wust y Alejandro Balaguer: “Llegaron diciendo que querían aprender, que querían conocer todo sobre nosotros. Los antiguos les enseñaron. Les mostraron de dónde obtenían su oro, cómo soldaban los metales. Después los mataron a toditos. Empezaron con Atahualpa y siguieron con los demás. Sólo algunos escaparon y ésos nos lo contaron”.

Fundación y época colonial

La fundación de Chachapoyas

Luego de su triunfo, Alvarado fundó la ciudad de Chachapoyas el 5 de septiembre de 1538. Inicialmente, la ciudad se ubicó en la actual ubicación de Levanto, pero, por no ser un lugar de terreno conveniente, se trasladó a otros lugares, hasta que se estableció en su actual ubicación en fecha posterior a 1544. El trazo urbanístico de la ciudad fue como el de todas las nuevas ciudades españolas: calles rectilíneas formando un “damero”. Los primeros españoles que integraron el cabildo de la ciudad, y por ende los primeros pobladores españoles de esta región, fueron los regidores Gómez de Alvarado, Alonso de Chávez, Gonzalo de Trujillo, Gonzalo de Guzmán, Luis Valera (padre del cronista Blas Valera), Pedro Romero, Bernardino de Anaya y Francisco de Fuentes.

Chachapoyas colonial, capital de la selva La ciudad de Chachapoyas se convirtió, durante el Virreinato, en la capital del oriente peruano, y fue el principal centro administrativo desde la margen derecha del río Marañón hasta los límites con la colonia de Portugal. Producto de la influencia hispana, la ciudad de Chachapoyas ostentó amplias casonas coloniales, con techos de tejas, grandes patios, vistosos balcones, huertos y jardines que aún hoy es posible apreciar.

La presencia católica en Chachapoyas data también del año de su fundación, cuando se levantó la primera iglesia, que tuvo como primer sacerdote a Hernando Gutiérrez Palacios. Posteriormente se erigió las iglesias de Santa Ana y del Señor de Burgos, que aún se encuentran en pie. En esta ciudad las principales órdenes religiosas (franciscanos, mercedarios, jesuitas, agustinos y betlemitas) establecieron sus bases de operaciones para la evangelización de la selva.

Los franciscanos fueron los primeros en arribar y, junto con otras órdenes, se adjudicaron importantes bienes económicos tales como buenas tierras. En ellas establecieron grandes haciendas tales como Mayno, La Papaya, Huaylla y Leimebamba. Según el Perfil antropogeográfico de Antúnez de Mayolo antes citado, fueron las instituciones religiosas las que introdujeron cultivos industriales como tabaco en el valle de Huallabamba, al sur del departamento.

Los peninsulares fueron poco a poco asentándose en el territorio y fundaron nuevas ciudades, tal como ocurrió en 1569 cuando el virrey Lope García de Castro fundó la ciudad de Luya, lo que fue ratificado después por el virrey Toledo. Allí floreció una agricultura muy diversa y ganadería de vacas, ovejas y caballos.

La Independencia

El poblador de Chachapoyas se interesó activamente por independizar al Perú del poder del rey de España. En el denominado período de los Precursores, desde fines del siglo XVIII hasta inicios del siglo XIX, destacó la eficiente labor desplegada por el ilustre chachapoyano don Toribio Rodríguez de Mendoza.

Rodríguez de Mendoza fue —desde su labor como maestro y rector del Convictorio de San Carlos— el maestro de la generación que luchó por los ideales independentistas y, más tarde, uno de los encargados de dirigir los destinos del Perú durante los primeros años republicanos. En San Carlos y en sus artículos publicados en el Mercurio Peruano, se preocupó por difundir las nuevas ideas ilustradas, científicas y reformistas. Rodríguez de Mendoza fue, ante todo, un amante del Perú, que pensaba que la unidad del idioma era necesaria para lograr la unidad nacional.

Con San Martín en el Perú, en abril de 1821 los habitantes de Chachapoyas se decidieron por apoyar la causa patriota de manera activa y frontal. Desconocieron a las autoridades españolas, desterrando al subdelegado Francisco Baquedano y al obispo de Maynas Hipólito Sánchez. Entre los patriotas amazonenses que participaron en esta acción se encuentran Mariano Aguilar, Manuel Rodríguez, Luis Zagaceta, Lucero Villacorta, Juan Reina, Dionisio Hernández y José Fabián Rodríguez.

Ante esta acción patriótica, el poder español respondió enviando un contingente de 600 hombres que fue organizado por el jefe militar de Moyobamba, el coronel José Matos. El 6 de junio de 1821, este ejército se encontró con el grupo patriota de pobladores de Amazonas en la pampa de Higos Urco. La falta de organización y disciplina militares de los patriotas no fue mella para el triunfo, el cual fue logrado gracias a la gran valentía y arrojo de los locales. La historia recuerda el valor de Matea Rimachi, la heroína de Higos Urco. Por las acciones de esta batalla, Chachapoyas fue declarada después como “Fidelísima” por el Estado nacional.

La República: el siglo XIX

Durante los primeros años republicanos, la participación de Amazonas en la vida nacional siguió representada por el accionar del ilustre Toribio Rodríguez de Mendoza, quien fue miembro del primer Congreso Constituyente del Perú, en el que compartió labores con muchos de sus alumnos de San Carlos (1822).

En tiempos de las luchas entre caudillos, Amazonas se vio indirectamente afectada por las disputas. El departamento —constituido entonces por las provincias de Chachapoyas, Pataz y Maynas— fue creado el 21 de noviembre de 1832, durante el gobierno del general Agustín Gamarra. En esta promulgación fueron determinantes las acciones de Modesto de la Vega y José Braulio de Camporredondo, dos ilustres chachapoyanos que defendieron la causa ante el gobierno de ese entonces. Pocos años después, en 1835, el joven caudillo Felipe Santiago Salaverry anuló la creación de este departamento al anexarlo al departamento de La Libertad, del que había formado parte desde 1821. El 8 de noviembre de 1839, nuevamente durante la presidencia de Gamarra, se devolvió a Amazonas su categoría de departamento.

La provincia de Pataz dejó de pertenecer a Amazonas cuando se la incluyó en el departamento de La Libertad. En 1866, Amazonas perdió la mayor parte de su territorio al crearse el departamento de Loreto con los territorios de la extensa provincia de Maynas.

Durante el siglo XIX se buscó incrementar el comercio de Amazonas con Ecuador y con la Amazonía, incluso con Brasil, por ello la ley que creó el departamento incluía exoneraciones para el comercio con esos países.

La llegada del siglo XX y los conflictos con Ecuador

Los primeros años del siglo XX En el siglo XX, Amazonas continuó aislada de los centros económicos del Perú, que desde la instalación de la República se trasladaron a la costa. Para llegar a Chachapoyas se tenía que hacer largas y penosas caravanas a lomo de bestia (desde la costa) o navegar por los ríos de la Amazonía (desde el oriente). Esta situación se prolongó hasta que se construyó la carretera Olmos-Marañón, que permitió unir la costa lambayecana con la región selvática de Amazonas y San Martín. Esta vía se inauguró el 15 de agosto de 1960, cuando era presidente del Perú don Manuel Prado Ugarteche. Gracias a ella, Chachapoyas cuenta con una conexión eficaz con los centros económicos y políticos del país.

Entre otros hitos del siglo XX, en la historia de Amazonas se debe mencionar el importante aporte de capital en agricultura que se dio en la década de 1950 mediante la compañía Peruano-Brasileña, que invirtió en la compra de grandes extensiones de tierras en Bagua. Esta fuerte inversión de capital privado influyó en la construcción de la carretera Olmos-Marañón que en la actualidad pasa por Bagua, por donde se traslada productos como tabaco, cacao y café hacia la costa.

Los conflictos con Ecuador

En las últimas décadas, la historia de Amazonas también ha estado muy ligada a las relaciones del Perú con la República de Ecuador. A pesar de la existencia del Protocolo de Río de Janeiro de 1942, Ecuador intentó militarmente, tanto en 1981 como en 1995, ocupar territorios peruanos en su afán de acercarse lo más posible al río Marañón para tener acceso al Amazonas. Esas incursiones se hicieron por la Cordillera del Cóndor, pero en ambos casos fueron rechazadas.

En 1981, el ejército peruano desalojó enérgicamente al ejército ecuatoriano emplazado en el sitio denominado Falso Paquisha. En 1995, una nueva incursión de las fuerzas ecuatorianas fue expulsada, esta vez por la vía diplomática. La firma de la Declaración de Paz de Itamaraty (17 de febrero de 1995) y el Acta Presidencial de Brasilia del 26 de octubre de 1998 marcaron el fin del conflicto y el reconocimiento del Protocolo de Río del año 1942, obligando a las fuerzas invasoras a retirarse.

En estos conflictos fue determinante la participación de los amazonenses, tanto de los soldados como de los guías indígenas, que fueron un apoyo indispensable para la correcta ubicación de los batallones peruanos en la selva de la cuenca del Cenepa y la demarcación definitiva de la frontera.